« ¿Qué has sentido?», le preguntamos a una aventurera al regresar a Edimburgo, tras dos días de senderos por las Highlands. Suspira y se toma su tiempo en contestar.

« ¿Sabes? Me he sentido viva. Y me asusta que con cincuenta y ocho años que tengo… haya tenido que recorrer Escocia para sentir cosas por primera vez. Sentir mi cuerpo. ¿Dónde he estado todo este tiempo?». Se emociona.

«Trabajo muchísimo», continúa. Es enfermera en Londres. «Llego a casa cansada y solo como basura mientras la televisión me dice, constantemente, que ya no tengo edad más que para el aburrimiento. Más que para llegar a la vejez.  Más que para empezar a pensar en la muerte». Vuelve a parar el relato. « ¡La vida es un regalo! Estoy viva. Mi cuerpo está vivo y sigue sintiendo cosas».

La cueva del ermitaño en el bosque escocés The Hermitage

En Escocia,  entre la magia que desprenden las Highlands, hay un lugar… que sólo necesita una ruta de senderismo para ser encontrado: el bosque The Hermitage. Se encuentra cerca del río Tay, el más largo de Reino Unido.

Aunque pueda parecer fruto de la madre naturaleza, lo cierto es que fue un bosque creado por los Duques de Atholl a mediados del siglo XVI y cuenta con algunos de los abetos más altos de Reino Unido.

Dentro de Hermitage se encuentra un lugar tan mágico como Escocia y es la cueva del Ermitaño. El duque de Atholl la creó para que la habitara algún transeúnte de la zona y pudiera cuidar del bosque. La cueva nunca fue habitada.

Y lo cierto es que este hecho, en medio de la efervescencia de Rmove Escocia, nos llevó a plantearnos una cuestión que nos gustaría compartir con vosotros: « ¿Quién, en su sano juicio, querría meterse en una cueva teniendo al lado la naturaleza?».

La naturaleza nos atrapa. Lo verde siempre es casa. Nos devuelve a nuestro ser. Nos conecta. Por eso, la naturaleza nos transmite fuerza. Nos transmite paz. «Esperanza», dicen. Y no es que nos queramos poner místicos, sino que está demostrado científicamente. ¿Han oído hablar de los «baños de bosque»?

The Hermitage

En 1982 la Agencia Forestal de Japón junto al Dr. Qing Li, empezaron a hablar de la práctica Shinrin-yoku, que podríamos traducir como Baños de bosque”. Consiste en una práctica en la cual se estimulan los sentidos al estar en contacto con la naturaleza, lo que permite mejorar nuestra salud y aumentar la sensación de felicidad y calma.

Seguramente te habrá pasado. A nosotros nos pasa en Escocia. En Edimburgo. Nos pasa en las Highlands. En cualquier ruta de sendero que hagamos. En cualquier bosque por el que nos movamos.  En cualquier actividad al aire libre que realicemos. Incluso antes de llegar a la cima de Arthur’s seat. Sea donde sea, cuando entras en contacto con la naturaleza, la mente se despeja. Se calla.

Con cualquier actividad que implique verde, se siente mejor. Te emocionas mejor. Y puede que muchas de las decisiones importantes de tu vida,  las hayas tomado tras estar en contacto con la naturaleza.

¿Qué es lo que le había pasado a nuestra aventura del inicio de este texto? Se había sentido, en su máximo apogeo, en sus cinco sentidos, después de cincuenta y ocho años. Había recuperado su ser. Había sentido cosas por primera vez al entrar en contacto con la naturaleza; al realizar senderismo, al moverse…

¿Por qué? Porque su vida era la casa, el trabajo y el asfalto. Sin más. Y aunque era consciente de que tenía que cambiar sus hábitos nunca lo vio con tanta claridad hasta que interactuó con el verde. Hasta que la naturaleza le dijo: «Ey, ¿lo sientes? No es Escocia, eres tú».

La aspiración de la sociedad actual: ser el ermitaño

«Ponte en verde» y que sea rápido. «Sírveme ese café» y que sea rápido. «Hazme esa comida» y que sea rápido. «Entiende lo que quiero decir» y que sea rápido. «Atiéndeme» y que sea rápido. «Sonríeme» y que sea rápido. «Dame las gracias» y que sea rápido.

«Dame una oportunidad» y que sea rápido. «Demuéstrame tu talento» y que sea rápido. «Sorpréndeme» y que sea rápido. «Sé lo que yo esperaba» y que sea rápido. «Dame éxito» y que sea rápido. «Sé mi orgullo» y que sea rápido. «Emocióname» y que sea rápido.

«Sé mi sueño» y que sea rápido. «Sé mi brillo en los ojos» y que sea rápido. «Sé mi amigo» y que sea rápido. «Sé mi amante» y que sea rápido. «Sé el amor de mi vida» y que sea rápido. «Quiéreme» y que sea rápido. «Sé la increíble historia que le quiero contar a mis hijos» y que sea rápido.

«Sé la casa que quiero tener» y que sea rápido. «Sé el trabajo que me apasiona» y que sea rápido. «Sé el sitio en el que quiero vivir» y que sea rápido. «Sé mi vida» y que sea rápido. «Vuela » «Olvida» «Sé feliz» y que sea rápido.

Y tan rápido son las exigencias actuales que la vida se nos queda en nada. En frustración; en estrés y en ansiedad que lo que nos hace es querer llegar a casa y parar.

Parar. Ser auténticos ermitaños que no salen de la cama. Ni siquiera de la habitación. O del sillón. Todo va deprisa, deprisa, deprisa y ¿Cuál es nuestra recompensa? ¿Cuál ha sido la recompensa de nuestra aventurera que trabaja en un hospital de Londres?: Llegar a casa y parar.

El ficticio bienestar del chocolate, la comida para llevar; el soñar despiertos y el creer que nos sentimos vivos cuando abandonamos nuestra vida a la semimuerte que nos da sentarnos frente al televisor.

No se puede sentir en una cueva. Las personas no pueden emocionarse en una cueva rodeada de pantallas. No puedes sentir tu piel ni las señales que te envía tu cuerpo al moverse. Te olvidas de los cinco sentidos porque en el ajetreo del día a día, normalmente sólo necesitas  sentir dos: la vista y el oído.

Sólo hace falta conectar, sólo hace falta regresar a donde pertenecemospara que el estrés y la ansiedad que nos genera el día a día, las obligaciones, el trabajo, la ciudad, los semáforos en rojo… dejen paso a nuestro ser, a nuestras entrañas, a nuestras emociones.

Sólo con venir a Escocia, sales de la cueva. Sientes porque aquí no hay más que naturaleza dispuesta a abrirte los ojos. A hacerte sentir.

Sal de la cueva. Abandona al ermitaño. Sal del estrés. Muévete. Camina. Siente y respira. Haz tu vida diferente. Hazlo diferente. Ven a Escocia y haz… que empiece la aventura. Que empiece la magia.